AC/DC

Cómo es PWR UP
AC/DC edita hoy PWR UP, su nuevo disco de estudio
AC/DC edita PWR UP, su nuevo disco de estudio
Lo nuevo de AC/DC suena como lo viejo de AC/DC. Lo cual normalmente no es ni bueno ni malo: simplemente es. Nadie -ni los fans, ni los críticos- espera nada rupturista del grupo, y ellos responden sacando discos que mantienen el estándar, no sólo de estilo, sino de contundencia. Sin embargo, el contexto en el que llega PWR UP es atípico, y el hecho de que suenen iguales al viejo y querido AC/DC se convierte en un hecho a destacar: después de perder a un miembro fundador (Malcolm Young, guitarra rítmica, fallecido en 2017), sumando a un integrante nuevo a esta altura del campeonato (Stevie Young, sustituto de su extinto tío), tras verse obligados a dar conciertos con Axl Rose reemplazando al cantante Brian Johnson (aquejado de problemas auditivos), con el bajista Cliff Williams amenazando con retirarse, recuperando al baterista clásico Phil Rudd y con todos los involucrados sufriendo los lógicos embates de la edad, el panorama no era el más alentador. Y sin embargo ahí están, poniéndole el pecho a las balas, saltando todas las vallas que el destino les puso enfrente y logrando ser -para alegría del público rocanrolero – los mismos de siempre.

Lo más simpático de la cuestión es que no están interesados en la épica: así como Lemmy Kilmister decía al salir al escenario «somos Mötorhead, tocamos rock n’ roll» sin mucha farofa y acto seguido procedía a atropellar a cualquiera que estuviera parado a tres cuadras a la redonda, AC/DC sabe que tuvo mucho contra lo que luchar pero no hace bandera con eso. No se cuelgan chapa de sobrevivientes ni mucho menos piden algún tipo de tolerancia por la circunstancia desfavorable: van y hacen un disco crudo, riffero, pesado, de a ratos sexy, abrumadoramente ganchero, a la altura de su leyenda. Tampoco hay lamento mediático ni llanto ni alabanzas a la propia resiliencia: son una banda de rock haciendo su trabajo. Basta y sobra.

 

 

Otro hecho celebrable de PWR UP es el anacronismo entendido como una decisión artística. A AC/DC no le importa que el rock ya no sea sinónimo de juventud, no le interesa que la poesía haya evolucionado y que ya no se hable de algunas cosas de la forma en la que se hablaba: sin nunca ser ofensivos ni brutos, su lírica es una ventana al siglo XX, un elogio a una época más simple craneada desde la inocencia. «¿Cuál es el antídoto? Señora, pruebe el money shot. Es mejor si lo toma caliente», dice el estribillo de «Money Shot» (así se denomina a la toma en la que el protagonista masculino de una película porno eyacula), y uno no puede no sentir esa picaresca sonsa como un bálsamo que ignora toda tratativa de corrección.

AC/DC y su sonido gozan de buena salud
AC/DC y su sonido gozan de buena salud

De hecho todo lo que hay en el disco es, de alguna manera, retro. No hay canción que no remita a alguna otra antecesora en el catálogo del grupo («Wild Reputation» es «Cover You in Oil», «Witch’s Spell» es «Who Made Who» y así). Los doce tracks llevan la firma de Malcolm Young, porque en todos intervino antes de morir. ¡Hasta la misma formación es una reunión de viejos amigos! Lo dicho: AC/DC se concentró en volver a ser AC/DC, en mantener la vara alta, en que los problemas y el paso del tiempo no importen y en generar en el oyente exactamente lo mismo que generaba hace treinta, veinte o diez años. Se puede decir que lo logró.