«Ashes To Ashes», una reinvención clave de David Bowie

A los 33 años, David Bowie ya había recorrido un largo camino. Estaba por editar Scary Monsters, un disco con el que pretendía acomodarse bien arriba en los charts después de la arriesgada experiencia de la trilogía de Berlín, una etapa que a la postre sería considerada por la crítica como una de las más inspiradas de su carrera, pero cuyo espíritu experimental lo había alejado un poco del gran público.

Tras iniciarse como mod adolescente, Bowie consiguió un éxito fenomenal con un oldie reciclado -«Space Oddity», el primer bombazo de su carrera-, fue uno de los reyes del glam, se transformó en mensajero intergaláctico, mutó en visionario de un futuro apocalíptico y también rindió tributo a sus héroes de los 60. En suma, un astuto cazador de ideas que sabía cómo moldearlas a su conveniencia para anticiparse al resto.

David Bowie, Ashes To Ashes

El primer corte de ese disco con el que buscaba separarse de la aventura europea fue «Ashes to Ashes», continuación de la historia del Major Tom de «Space Oddity» y señal inequívoca de que Bowie quería recuperar la gloria del pasado apelando al recuerdo emotivo del que había sido su primer gran hit.

El embrión de ese tema fue «People Are Turninig to Gold», que cuando llegó el momento de la grabación de Scary Monsters tenía la estructura básica ya resuelta, pero sin el emblemático arreglo sintetizado que lo identifica. Ese detalle clave fue aportado por Chuck Hammer, especialista en una técnica consistente en superponer capas sonoras trabajadas con una novedosa metodología que bautizó » guitarchitecture«, orientada a expandir el vocabulario de la guitarra. La guitarra/sintetizador Roland GR 500 que usaba Hammer permitía sostener notas individuales y acordes durante tiempos prolongados, una capacidad que fue muy bien explotada en «Ashes to Ashes».

El arte de Ashes to Ashes
El arte de Ashes to Ashes

Más allá de todos los efectos sonoros, el magnetismo de la canción está apoyado en su enorme creatividad melódica, que recuperaba ese ingenio que Bowie había demostrado muchas veces desde que había aparecido en escena, a fines de los 60. Por eso alcanzó el número uno en los charts ingleses. Fue una buena noticia en el marco de una etapa que no era un lecho de rosas para el artista y su entorno.

El abandono de una vida noctámbula y cargada de cocaína en Berlín decantó en un viaje a Nueva York en el que hubo un feliz reencuentro con una famosa pareja amiga (John Lennon y Yoko Ono) pero también tensiones permanentes con los músicos que grabaron Scary Monsters en los lujosos estudios Power Station. Terminado el disco, Bowie decidió prescindir de Dennis Davis (batería) y George Murray (bajo), e incluso se alejó de Tony Visconti, un socio fundamental hasta ahí y con quien recién volvería a trabajar veinte años más tarde.

LA LARGA HISTORIA DE MAJOR TOM

El 10 de enero de 2016 el cosmos de la música quedó paralizado al conocer la noticia de la muerte de una de sus estrellas más brillantes. Dos días antes, Bowie había editado el álbum Blackstar. En el video de la canción que le da título al disco aparece un astronauta muerto en un planeta perdido. Su cráneo es adorado por una extraña raza alienígena. Se trata sin lugar a dudas del Major Tom que recorrió un largo camino con su creador, un camino con la misma cantidad de años que la carrera de David Bowie.

En el videoclip de «Ashes To Ashes», Bowie aparecía recargado de maquillaje y carmín, retomando el estilo del Pierrot de Lindsay Kemp y ataviado con un llamativo traje diseñado por Natasha Korniloff. Era la primera vez que Bowie interactuaba con una nueva generación de artistas que lo consideraban una influencia capital. La producción fue costosa (dos millones y medio de libras esterlinas, un presupuesto inusual para la época) pero terminó rindiendo: luego de que el video fuera programado por el popular ciclo televisivo inglés Top of the Pops, la canción llegó a la cima de las listas británicas, igual que «Space Oddity».

La reactualización de la historia de Major Tom incluía alusiones nada veladas al consumo de drogas («Sabemos que el Comandante Tom es un yonqui / Colgado en las alturas celestes / Pero está más abajo que nunca») y comentarios sarcásticos sobre la carrera de Bowie («Nunca hice cosas buenas / Nunca hice cosas malas / Nunca hice nada improvisado») que dan una pista concreta sobre su interés por la planificación y el cálculo.

El magnetismo de la canción está apoyado en su enorme creatividad melódica
El magnetismo de la canción está apoyado en su enorme creatividad melódica Fuente: Reuters

En otro verso de la canción, Bowie manifiesta sin tapujos la necesidad de un cambio luego de la agotadora aventura de la trilogía berlinesa, usando la poética de Kafka como herramienta. La inspiración para una dramática línea de la canción que reflejaba tanto la angustia del astronauta como la del artista que deseaba volver a ser una estrella del mainstream («Quiero un hacha para romper el hielo / Quiero llegar ahora mismo») es una reversión de aquel potencial axioma que alguna vez había pronunciado el escritor checo («Un buen libro debería ser un hacha para romper el mar helado que llevamos dentro»).

Rodado en Hastings (sur de Inglaterra) en 1980, el video de «Ashes To Ashes» presenta a Bowie multiplicándose en tres personajes que, en verdad, son distintas variaciones del intruso de la canción: un Pierrot de la Commedia dell’Arte renacentista, un astronauta y un interno de un manicomio, todos arquetipos cuyas características tiñeron muchas de sus letras en la década del 70.

Las señales de autorreferencialidad no se agotan ahí: Bowie también va presentando cada nueva secuencia del video sosteniendo un pantalla del tamaño de una postal que adelanta la imagen de la escena siguiente, un recurso de «video dentro del video» que remite en su lógica a la profunda introspección puesta en marcha en aquel entonces por el músico británico.

La explosión del new romantic (una tendencia derivada del glam) le dio pie para convocar para el clip a Steve Strange, cantante de Visage, banda pionera de esa movida, y a Boy George, de Culture Club

Como la mayor parte de los videos de Bowie, el de «Ashes To Ashes» no desarrolla un relato lineal. Más bien despliega una serie de oníricas viñetas en movimiento que pueden interpretarse sin temor al equívoco como una sesión de psicoanálisis de un hombre de 33 años con una vida tan llena de acontecimientos como para perturbarlo y exigirle una aguda revisión. Para reafirmar esa lectura basta con ver el final: Bowie camina bajo un cielo oscuro mientras se escucha un ominoso sermón familiar: «Mi madre dijo que terminara las cosas / Más vale que no te metas con el Comandante Tom»).

El video de «Ashes To Ashes» también representa una de las típicas puestas a punto de Bowie, tan frecuentes a lo largo de una carrera que buscó desarrollar siempre en relación dialéctica con el pasado pero también en evidente sintonía con el presente. La explosión del new romantic (una tendencia derivada del glam) le dio pie para convocar para el clip a Steve Strange, cantante de Visage, banda pionera de esa movida, y a Boy George, de Culture Club, quien finalmente quedó afuera de la edición definitiva.

No era una mala idea: el new romantic llevaba en el cuerpo unas cuantas huellas de Bowie, sobre todo la devoción por el maquillaje de la era glam y la exhibición de su desprejuiciado narcisismo. Con su comprobada sagacidad, el Duque Blanco (personaje nacido en el ’76 con el álbum Station to Station) se apropió del espíritu renovador de los años 80 señalando, de paso, que ese culto poco convencional, basado en el legado estético del glam, lo tenía como referente ineludible y justo padrino. Es decir, se reseteaba a la vez que revalorizaba su pasado artístico. De alguna manera, también devoraba su juventud, subiéndose a un carro repleto de clones suyos y siguiendo una copia (el new romantic) de productos (el glam, Ziggy Stardust) inventados oportunamente por aquel David Robert Jones real que le fue dando vida a decenas de personalidades durante muchos años.