La madre del indie, los últimos días de la reina 

Rosario Bléfari

Con sus impulsos artísticos y su forma de practicar la libertad y la independencia en el rock, el cine y la literatura, Rosario Bléfari marcó a más de una generación y despertó una despedida sin precedentes. Este jueves se cumple un mes de su muerte
Con sus impulsos artísticos y su forma de practicar la libertad y la independencia en el rock, el cine y la literatura, Rosario Bléfari marcó a más de una generación y despertó una despedida sin precedentes. Este jueves se cumple un mes de su muerte Fuente: RollingStone – Crédito: Alejandro Lipszyc/ARCHIVO
‘Deudas y cuentas se me aparecen como un sueño, como si al final no importara. Toda esa preocupación eterna por el dinero que me acompañó toda mi vida parece, de pronto, perder peso y lugar. Tal vez si muero ya no importe de verdad. Se encargarán otros, del dinero que se debe, del que me deben, del que podría ganar… algo de lo que hubiera querido no tener que preocuparme nunca… o algo en lo que me hubiera gustado ser más ¿práctica o afortunada? Para algunos parece más fácil».

Es mayo de 2015, según indica la página 56 de Diarios del dinero. Así escribe Rosario Bléfari en su bitácora de vuelo sin solución cronológica. No es necesario seguir un orden, funciona como un túnel del tiempo hacia los primeros registros de la artista en ciernes o de una madre preocupada porque las cuentas no cierran, escenas de la vida detallista y también un notable ejercicio de observación poética sobre el orden cotidiano, las finanzas y la autogestión.

Rosario no alcanzó a ver la versión física de Diarios del dinero que acaba de lanzar la editorial Mansalva. Murió por culpa de un cáncer de mama el lunes 6 de julio en la capital pampeana. Allí, en Santa Rosa, vive Roberto, su padre, viudo desde hace años, a quien la actriz y compositora visitaba periódicamente. Podía viajar por un fin de semana o refugiarse por largas temporadas lejos de la neurosis porteña. Pero esta última vez, la pandemia y el aislamiento social prolongaron por varios meses el tiempo de cuidados mutuos. «Ella no hablaba mucho de su enfermedad», dice la colaboradora de RS Romina Zanellato, amiga y aliada de Rosario en proyectos compartidos como Los Cartógrafos, un adelantado experimento multidisciplinario con forma de podcast. «Te mantenía informado muy escuetamente. En un momento me animé a hacerle más preguntas y me contó que el cambio de medicamentos la había debilitado mucho, la había pasado mal, le estaban haciendo nuevos rayos para contener la situación y eso le bajaba las plaquetas, se sentía muy indefensa. Entonces decidió pasar el verano con Roberto en La Pampa».

Pasó Año Nuevo con él y se quedó unos meses más; cuando cayó la pandemia ya no podía salir de ahí. En un punto fue la decisión más acertada: tenía las defensas muy bajas y, claramente, formaba parte como su padre de la población más vulnerable. La decisión fue compartida tanto por Fabio Suárez -su pareja desde hace 32 años- como por Nina, la hija de ambos. «Estaba más protegida y se quedó allá», dice Zanellato. En la casa construida a través de un plan de viviendas sociales que Rosario ayudó a pagar, instaló un campamento de arte: inventó collages, trabajó en nuevas canciones y escribió Los diarios de la dispersiónuna serie de relatos en primera persona publicados en La Agenda de Buenos Aires.

«Quiero ver cómo hago lo que hago y si en realidad hago algo. Quiero ver cómo las ideas se transforman y a qué puerto llegan, si es que llegan. Celebré la dispersión como método a partir de cierto momento de la vida en el que me di cuenta que no estaba mal, que era una manera de hacer. Ahora quiero comprobar si es cierto o se trata de una de esas cosas que con el tiempo se van volviendo algo así como mitos personales. O puede ser también que se produzcan cambios y lo que alguna vez fue de un modo ya no lo sea» (Diarios de la dispersión, 30 de diciembre de 2019).

Al mismo tiempo en ese transcurrir suspendido que el Covid-19 instaló como un algoritmo distópico, Rosario Bléfari contuvo a sus afectos más cercanos con adorables dosis de realidad y belleza. «Voy a conocer el último misterio», le dijo a Francisco Garamona, editor de Mansalva, en una de sus últimas charlas telefónicas. «Me habló de ir hacia el último secreto, traspasar el umbral», dice Garamona, que junto a Nicolás Moguilevsky trabajaron en la edición de Diarios del dinero pactada, originalmente, para ser presentada en la Feria del Libro 2020. La pandemia trastocó todos los planes. «Son diarios en donde ella establece como un debe y un haber, toda la anécdota en cada entrada tiene que ver con un gasto o con un cobro, para afuera o para adentro, organizado un poco por el dinero. De alguna manera, habla de lo que es la vida para los artistas independientes, atentos a estas cuestiones que tienen que ver con las finanzas», dice el editor y escritor porteño. Rosario no lo tuvo en sus manos, pero sí llegó a ver las pruebas de tapa y galeras de su libro.

Tanto la escritora como la poeta, tal vez, formen los lados menos conocidas de Bléfari, a quien el novelista Alan Pauls definió como una artista multitasking. Siempre escribió, pero recién en 2001 pudo editar Poemas en prosa a través del sello y galería de arte Belleza y Felicidad. Ocho años después repitió en el mismo espacio editor con La música equivocada (2009), en donde exponía sus modos poéticos de libre pensadora dispuesta a liberar esas canciones con sonidos ausentes o aquellos textos ocultos que alcanzaron la sobrevida gracias a la poesía. En 2016 lanzó un libro de cuentos llamado Mis ejemplos y otro de poesía, Antes del río. «La escritura de Rosario Bléfari es, como su imaginación, al mismo tiempo enigmática y sencilla, y por eso tiene la capacidad de acercarnos al corazón de los acontecimientos, ese lugar al que solo los verdaderos artistas pueden llegar», dice la escritora Cecilia Pavón sobre Las reuniones (2018), otra muestra para internarse en relatos cortos sobre existencias que no conocen de epifanías.

La actriz es Silvia Prieto (1999) pero Rosario entendió todo ese asombro pop mucho antes de inmortalizar a la chica exploradora en la película de su amigo Martín Rejtman. Antes de cumplir los 18 y todavía en tiempos de dictadura, ya pisaba como público y actriz novata los contadísimos espacios del teatro under de Buenos Aires: el Bar Einstein, Cemento y El Parakultural tuvieron carácter de academias de arte visual en su formación, mientras Vivi Tellas marcó su referencia pedagógica que completó en la EMAD (Escuela Municipal de Arte Dramático). La EMAD contaba con una plantilla de profesores de excelencia como Marta Sánchez, Ricardo Bartís, Enrique Dacal, Héctor Alvarellos, Eugenio Barba y David Di Nápoli, entre otros. Entre sus compañeros se destacan los nombres de Damián Dreizik y Carlos Belloso, que luego formarían Los Melli, un genial dúo de humor freak. En el segundo año de la carrera, Rosario formó parte de los ensayos de la obra El esfuerzo del destino, dirigida por Vivi Tellas. Ocupó el rol protagónico. «En un momento se fue un actor, entonces Damián (Dreizik) y Carlos (Belloso) me ofrecieron cubrir ese lugar», dice Fabio Suárez. En ese espacio de experimentación y descubrimiento, Rosario y Fabio empezaron a trabajar juntos.

«Yo me enamoré desde el primer momento. Siempre estuve enamorado de ella desde que la vi bailar flamenco y zapatear de espaldas. Ahí me enamoré», cuenta Fabio el deslumbramiento inicial que tardó un tiempo en ser correspondido. Recién cuando Temas Lentos, un dúo pop integrado por Rosario y Whaly, y Abandonando a Juanita, la banda del futuro bajista de Suárez, se juntaron para compartir una fecha en Cemento, comenzó otra forma de relacionarse. Fabio la invitó a cantar un tema y «Rosario me asoció», dice el músico algo que en aquel momento no logró traducir. «Ahora lo veo. Ella fue así: de asociarse con gente para crear y con mucha gente se asoció y a través de muchas maneras. Entonces cuando la invité a tocar un tema ella enseguida quiso hacer un proyecto conmigo más que un tema. A partir de esa idea de tener un proyecto juntos nos empezamos a conectar sentimentalmente».

 

Fuente: RollingStone – Crédito: Archivo

«Con Melero íbamos a grabar unos temas de mi primer agrupación con Wolly Von Forester que se llamaba Temas Lentos, la última época de Catálogo Incierto. Grabamos las bases y algo más pero por una discusión sobre poesía y una obra de teatro confiscó el material. Para él habrá sido ‘muy Melero’ pero para nosotros que teníamos veinte años fue llorar en una esquina de Flores, y después de eso no tocamos más. Tiempo después hice Suárez. Prehistorias, caminos que se truncan para abrirse otros».

En su cuenta de Twitter, Rosario describe una de sus primeras frustraciones en el territorio musical. La entrada pertenece al 17 de mayo de este año y el protagonista es el líder de Los Encargados. «Cosas que pasan que si en ese momento un hada del tiempo pudiera decirte al oído: mejor, ahora no lo ves, pero es para mejor, ¡le ahorraría a una tanto…!». Del mismo día, aparece otra marca de agua que definió al universo Bléfari: «Le mostré algunas canciones a Charly García, eran las primeras, me hizo cantar mil setecientas veces una de ellas mientras él tocaba su teclado todo grafiteado y grababa en un doble casetera. Por acá anda una copia». Nunca más lo vio, pero quedó, como no podía ser de otro modo, una enseñanza. «Cuando me fui me dijo: ‘yo me quedo con el original’ y me dio una copia. Se lo escucha gritar cosas como indicaciones que me daba. Lo bueno de aquel encuentro fue ver la capacidad de trabajo de alguien y me señaló que no usara el tú. Nunca lo usé».

Reconoce en la misma entrada que su relación con «otres rockeres» nunca fue del todo buena o fluida. «Eso pienso hoy. ¿Confusión, timidez, de ambas partes? ¿Soberbia de más de cuatro? No sé, hombres y mujeres digo, eh. Por suerte hubo y hay hermosas excepciones, con las que puedo tocar, reír y hasta pelear».

Mientras la era del vacío inundaba los 90, Suárez entabló un idilio romántico con la idea de hacer otro rock mezclando candidez y distorsión. La estampa de grupo único e irrepetible dejó cuatro discos esenciales que fueron mejor entendidos en la década siguiente. Él Mató a Un Policía Motorizado, Las Ligas Menores, 107 Faunos y Los Besos, por solo citar algunos ejemplos, siguen la línea de producción de lo que hoy conocemos como rock indie. En la última década del siglo independencia significaba autogestión y control total de la obra. El sello F.A.N. (Feliz Año Nuevo Discos) fue la mejor invención de la marca Suárez, una casa editora que sostuvo los primeros movimientos de Paoletti, Dios, Victoria Abril, Fotofobia, Fantasías Animadas y casi todos los discos solistas de Bléfari.

«Creo que al principio queríamos envolvernos en una masa sonora electrónica, electrificarnos en ella y electrificar todo lo que se pueda alrededor nuestro: cosas y personas», dice Fabio Suárez. La banda regresó en 2015 para el estreno del documentalEntre dos luces, un film que hurga en los primeros años de una banda en pleno proceso de autodescubrimento. La vida en gira, una cámara siguiendo las risas de backstage y muchos fragmentos de shows, formaban parte del archivo fílmico de los Suárez, material que Fernando Blanco, realizador audiovisual y guitarrista de Valle de Muñecas, seleccionó pacientemente para terminar la primera parte de una saga de tres capítulos. «Cuando le dimos el material a Fernando una de las cosas que conversamos fue que no tenía que haber nada que estuviera explicando: ni quiénes éramos o qué hacíamos, así que todo su arte como director, justamente, fue hacer hablar a las imágenes con una edición perfecta», dijo Rosario a Rolling Stone poco antes del estreno en el Festival de Cine de Mar del Plata.

La era solista de Rosario Bléfari empezó casi por casualidad, Cara (2001) tenía destino de disco paralelo a un impasse de Suárez. Con su hija Nina en los brazos, el nuevo siglo multiplicó sus búsquedas. Grabó producciones notables como Estaciones (2004), un auténtico manual para cancionistas del futuro, hizo cine, representó y escribió obras de teatro de vanguardia junto a su amiga Susana Pampín, la más recordada es Somos nuestro cerebro (2003), una obra de ciencia artística. En 2013 tuvo su primer trabajo fijo y en blanco como columnista de la tarde en el programa Todavía es Temprano (TesT) en la TV Pública. Tres veces por semana Rosario saltaba de los colores primarios a Pier Paolo Pasolini con afán divulgador y la pedagogía de la sencillez. Dos años después volvió a integrar una banda al frente de Sue Mon Mont.

«Ella sabía hacia dónde iba y para mí todo se acomodó para que fuera de esta manera, para que ella terminara sus días en La Pampa», dice Susana Pampín, amiga y aliada en innumerables proyectos artísticos. La actriz reconoce que Rosario tenía muchas cosas más por hacer, no es solamente Diario del dinero que no se llegó a editar en vida. En una de sus últimas charlas, Rosario le dijo: «¡No puedo creer que vaya a salir cuando yo me muera!». Todos sus amigos, familiares y ella también suponían que iba a contar con un tiempo más sin desconocer la gravedad de la situación. «No quería perder el tiempo en cuestiones burocráticas. Yo la estaba ayudando en relación a una cuestión de registro de los temas de su último disco en SADAIC. Hay muchas cosas que quedaron porque ella las quería seguir desarrollando. Quedaron collages, una filmación que Agustina Muñoz le había planteado para el CCK», dice Pampín y no se cansa de repetir que ha quedado polinizada ante la pasión de su amiga de buscar socios para determinadas vertientes expresivas. «La profusión de la creación de Rosario es enorme. Diario del dinero habla de esto, ella lograba marcar un dato o una escena que bajo la mirada de otros fuera irrelevante y que no tiene ninguna importancia, para ella sí y que sea algo relevante que hablara del mundo desde un punto de vista creativo y profundo».

Cuando Nina empezó la escuela primaria, Rosario y Fabio hablaron con ella de las diferencias que podía ver entre sus padres y los padres de sus amigos o conocidos que tenían casa y auto. Le explicaron que ellos en la vida no se habían planteado el tener una casa y un auto, o el tener eso como objetivo, sino que se plantearon hacer lo que tenían ganas de hacer en la vida que, en ese momento pasaba por la música y en otro momento pasó por otras cosas. Si después venía la casa o el auto bienvenidos, pero que ellos no iban a hacer cosas que no querían hacer en pos de eso. Le explicaron que eso era una elección de vida, que Nina después de grande podía estar de acuerdo o desacuerdo, pero que ellos habían apostado a poder estar cerca de sí mismos en todo lo que hicieran. Nina Suárez es música y actriz, también escribe y ya tuvo un papel importante en Arpón (2017), una película dirigida por Tom Espinoza.

Antes de viajar a Santa Rosa, Rosario grabó tres temas junto a los Suárez versión 2019 que incluye a Gustavo Monsalvo (Él Mató…, Sue Mon Mont) como el nuevo guitarrista en reemplazo de Gonzalo Córdoba. «Terminó de grabar y se fue a La Pampa», dice Fabio, que recién metió sus bajos en febrero de este año. «Rosario trabajó de principio a fin. El último mastering que hubo fue escuchado y aprobado por ella y por el resto de la banda. Estábamos en la decisión sobre el arte de tapa y a Rosario la internan», dice y remarca que fue su último proyecto musical «que llegó a concretar hasta el final». La idea es subirlo próximamente a todas las plataformas digitales y también editarlo en formato físico. «Estuve 32 años con ella y llegó al final del último tema que grabó entera, haciendo un gran esfuerzo para estar ahí».

Fabio y Nina tuvieron que esperar tres días hasta que el gobierno pampeano los autorizó a ingresar a la provincia, no llegaron a verla. Tampoco era posible porque debían realizar la cuarentena de catorce días en un hotel de la capital provincial. Rosario alcanzó a enterarse de que habían llegado y poco después falleció en el Hospital Evita de Santa Rosa.

Cuando Nina era chiquita le preguntó a su madre: «Mamá, cuándo vos te mueras, ¿vas a salir en el diario?». Fabio y Nina se alojaron la noche del domingo 5 de julio en un hotel de Santa Rosa. «Esa noche me acosté y apagué el celular porque no paraba de sonar, muchos mensajes. Lo silencié sabiendo que también estaba el teléfono del hotel. A la mañana, muy temprano, Jorge, el primo de Rosario, me avisa que nos había dejado. Fue muy duro. Durísimo. Acá encerrado. Nina dormía», cuenta Fabio, desde La Pampa, la terrible secuencia del desenlace. Ni él ni la más fanática seguidora de Bléfari pudo siquiera imaginar semejante onda expansiva, la noticia apareció en todos los portales informativos y las redes se encargaron del resto. «Honestamente pensé que iban a poner algo, pero no lo que sucedió después». La sorpresa fue absoluta: «Estábamos acá encerrados y viviendo ese momento tan difícil y de pronto es una catarata, no solo llamados. Hay cosas que nos parecieron insólitas de personas que ni sabíamos y después cosas chiquitas, muchísimas. Nos llamaron de radios barriales, de fanzines, de personas de diferentes lugares del país que estuvieron con ella, proyectos en los que Rosario trabajó y después los medios. Clarín puso una cosa, la leímos, me hace bien. Rosario se reiría, se mataría de risa. Me sorprendió y también me abrumó. Sucede que no la pudimos ver y no sé qué hubiera hecho pero tampoco se hubiera podido hacer un ritual en el cual nos juntamos las personas que la quisieron y dar el pésame a los deudos, que es un rito que por algo se da y es muy sanador. Bueno, lo tuvimos a través de las redes. Ver en Canal 7 la cara de Rosario gigante y atrás otra pantalla con otra cara y una conductora diciendo ‘Rosario Bléfari’. Nos mirábamos con Nina con cara de asombro, eso nos hizo sentir… obviamente no apaga el dolor… no lo puedo explicar».

«Rosario Bléfari fue una artista exquisita. Murió a los 54 años, hoy nos deja un viento helado y una tristeza infinita», dice Gabriela Radice visiblemente conmovida. Frente a cámara, la periodista está a punto de quebrarse. Rápidamente la pantalla nocturna del noticiero de la TV Pública cambia de plano y muestra un show en el CCK. «Sigo remontando río arriba en un barco que en la proa lleva el nombre de tu nombre, Río Paraná», canta Rosario, y la noticia se transformó en una certeza impiadosa. El impacto excedió al mundo del rock y sumó a la comunidad del cine, la poesía y el teatro en una despedida sin precedentes para una artista argentina de origen y desarrollo autogestivos. Desde sus primeras experiencias performáticas en el Einstein hasta los días finales, Rosario nunca paró de trabajar y de ayudar a destrabar inseguridades ajenas. El método Bléfari, una guía no escrita, activó durante casi tres décadas todo tipo de impulsos artísticos en algo parecido a una red invisible con cómplices diseminados por todo el país, incluso en naciones limítrofes. En un taller de canciones, en un show de Suárez o en incontables fotogramas de su extraordinaria filmografía, dejó gestos imposibles de olvidar, clics modernos para practicar la libertad y la independencia al menos en el arte.