Sergio Nacif Cabrera

de componer con Homero Expósito a «Basura», el hit de Los Romeos que lo cambió todo
Sergio Nacif Cabrera: de componer con Homero Expósito a "Basura", el hit de Los Romeos que lo cambió todo
Sergio Nacif Cabrera: de componer con Homero Expósito a «Basura», el hit de Los Romeos que lo cambió todo Crédito: Natalia Salese
Antes de formar Los Romeos y grabar su megahit «Basura», antes incluso de integrar Alphonso S’Entrega y darle al mundo «Barrio chino», Sergio Nacif Cabrera se colgó una medalla que muy pocos tienen: coescribió una canción con Homero Expósito, el autor de «Naranjo en flor».

A los diez años, asistido por su mamá, Sergio sacó en la guitarra «Zamba del indio muerto» de Los Fronterizos, pero los covers no eran lo suyo: poco después ya se animaba a componer. Un día su padre, cirujano, médico de SADAIC, le comentó a Expósito que el nene hacía canciones, y el poeta pidió conocerlo. «Nos fuimos a un estudio que tenía Homero, donde estaba lleno de tangueros viejos. Me hizo tocar mis temas frente a todos esos», dice. A Expósito le gustó lo que escuchó y lo invitó a una especie de taller de composición que daba. Sergio fue, y un día llevó estos versos:

«Caminando sin cesar / bajo la luna van ellos / entre truenos y destellos / buscando la libertad / para ellos no hay edad / ni época en que la encuentren…».

Todo lindo, pero faltaba un remate. El maestro escuchó, hizo un silencio y sentenció: «Porque es preciso crear / las cosas que más se sienten». «Yo me quedé alucinado», recuerda.

Sergio Nacif Cabrera (Izq) y Homero Expósito (de lentes), en 1976
Sergio Nacif Cabrera (Izq) y Homero Expósito (de lentes), en 1976

Queda claro que a Sergio la música lo recibió con los brazos abiertos: no sólo colaboró con uno de los letristas más célebres de todos los tiempos cuando era un adolescente, sino que además su primera banda escolar era lo que se conoce como un supergrupo: un trío nada menos que con Ariel Rot en el bajo y Mario Breuer [productor e ingeniero de sonido de Sumo, Charly, Calamaro, Los Redondos y un larguísimo etcétera] en la batería. De ahí a Los Argies, con quienes empezó a respirar la efervescencia del fin de la dictadura y la vuelta de la democracia en el mítico Café Einstein.

«No sólo se tocaba, medio que se vivía en el Einstein: estábamos de tarde, de noche, comíamos, ensayábamos. Pasaba en el Einstein y en el Zero Bar, los dos boliches más representativos», recuerda. Parte del elenco estable del local de Omar Chabán y Sergio Ainsenstein era Alphonso S’Entrega, la banda que lideraba Daniel Morano, por entonces ideólogo del programa El tren fantasma de Radio Rivadavia y muchos años después productor de Peter Capusotto y sus videos. «A ellos se les había ido un guitarrista. Me llamaron para tocar porque les gustaba que tuviera la canción ‘Barrio chino’. Yo estaba encantado: para mí era tocar con los Beatles», dice.

 

Alphonso S’Entrega era una banda de ska y reggae (géneros ignotos en la Argentina que ellos conocían gracias a los discos que el cantante traía de Inglaterra para su programa) que no sufría el under: lo militaba. «Era la filosofía de Morano: no querer meterse mucho dentro del sistema. Tener algo de rebeldía, y eso lo hacía más místico al grupo», dice Sergio.

Sin embargo «Barrio chino» lo cambió todo cuando salió como simple (con la misma canción en las dos caras del vinilo: uno de los pocos casos registrados) en el 86 y se metió en la alta rotación de todas las radios del país. «En ese momento empezamos a trabajar y a generar algún mango. Ya había entrado Rinaldo Rafanelli [ex Sui Generis, Polifemo y Color Humano] en el bajo, que era un músico profesional. Nosotros recién empezábamos a ser profesionales, y para eso tenés que generar para vivir de lo que estás haciendo, y ser un militante del under no paga las cuentas», dice.

Los Romeos o «el sueño del pibe»
Nacif Cabrera en la época de Alphonso S`Entrega
Nacif Cabrera en la época de Alphonso S`Entrega

Después del primer disco homónimo con Interdisc (que sacó el long play unos ocho meses después de que pegara el single porque -inflación mediante- no se conseguía vinilo para fabricar), se cambiaron a CBS, que ofreció una alternativa más que viable para pagar las benditas cuentas que el under dejaba impagas: la recordada gira de cierre de campaña presidencial de Eduardo Angeloz: «Fue todo el ambiente rockero: Spinetta, La Torre, Man Ray… y Morano dijo ‘nosotros con cuestiones políticas no nos metemos’. Se lo dijo a la compañía que había puesto bastante plata en hacer el disco nuestro, y entonces dijeron ‘con Alphonso no se puede, dejalo ahí'».

Desairado por la oportunidad desaprovechada, Rino Rafanelli se bajó del barco. El saxofonista Marcelo Pelater, en tanto, cayó preso. Al segundo disco El paso (1988) no le fue nada bien, y Alphonso S’Entrega se fue diluyendo, entre la diáspora y el desgano. En aquellos ensayos lánguidos del final, Sergio solía quedarse después de hora con el tecladista recién entrado: Pablo Sbaraglia, que por entonces tenía 18 años y hoy es uno de los Fundamentalistas del Aire Acondicionado del Indio Solari. «Me hice amigote y en un momento, como Alphonso no estaba tocando, se nos ocurrió juntarnos. Al principio no era una banda, era un dúo, y empezamos a hacer canciones. De todas esas, un día estábamos sentados en un boliche y me dice ‘vino una chica de Costa Rica que toca el saxo, ¿por qué no vamos a casa y grabamos un demo?'», cuenta Sergio. Aquella maqueta improvisada era «Basura».

 

 

De espíritu retro cincuentoso, «Basura» fue el caballito de batalla de Los Romeos, la banda que finalmente formaron Sergio, Pablo y el nuevamente libre Marcelo Pelater. Se hicieron un nombre tocando en pubs de Plaza Serrano mientras esperaban que el demo prospere, cosa que pasó cuando Bobby Flores lo rescató de una pila de cassettes, lo escuchó en su auto y -fascinado- lo pasó en su programa en Rock & Pop. «Esto es un hit de acá a la China. Me hace acordar a Alphonso S’Entrega», dijo Flores, sin saber de quiénes se trataba pero con oído quirúrgico.

Poco después grabaron el debut autotitulado, que además de «Basura» tenía «Sin meditar», otra canción que rotó profusamente. Y entonces sus vidas cambiaron.

«‘Basura’ fue un cohete a la Luna: pasamos de tocar en pubs a hacer un Obras con Simply Red en un mes», dice Sergio. En tiempo récord firmaron contrato con Telefe, que los hacía tocar en Ritmo de la noche, con Marcelo Tinelli, en Jugate conmigo, con Cris Morena, en cada rincón de la programación donde se necesitara a la banda del momento. Se fueron de gira por Tucumán, Rosario y Córdoba como teloneros de Duran Duran (y se perdieron el Vélez porque la lluvia obligó a cancelar las presentaciones de los soportes). «Vivíamos en un pedo, el sueño del pibe», cuenta.

 

 

Dentro de aquella nebulosa irreal también estuvo abrirle los dos shows a Madonna en River en el 93. «Fue un flash total», recuerda Sergio. «Tocamos cuando ya estaba todo el estadio lleno y las luces apagadas. El artista que estaba antes, Luciano Jr, el primo de Tinelli [hoy conocido como El Tirri], hacía un rap medio extraño y le tiraron de todo. Yo pensaba ‘Dios mío, qué nos va a pasar acá’. Cuando subimos nos abrazamos como los equipos de fútbol americano, ‘a matar o morir’. El estadio al 90 por ciento, las luces, todo. Empezó a sonar la banda y la gente murió con nosotros. Mientras tocábamos, los de la Cruz Roja ya atendían a la gente atrás de la valla».

La vida después del hit

A Sergio lo anclaba a la realidad su empresa de venta de frutos secos y su trabajo en El Gato Negro, el restaurant, bar y casa de venta de especias de la avenida Corrientes. «Iba al banco a hacer un depósito y el que estaba adelante cantaba ‘Sin meditar’. El custodio le decía ‘atrás lo tenés al que la canta’. O iba a comprar un Quini 6 y el que atendía me decía ‘¿cómo el cantante de Los Romeos tiene que comprar un billete de lotería?’. Esto de ser conocido empezaba a intervenir un poco en mi vida de gente normal, y no me resultaba muy agradable», dice.

Claro que, como suele pasar en estos casos, la fama -con sus incordios y sus alegrías- entró en fade out demasiado pronto. Abrumado con la exposición repentina, Sbaraglia se fue de la banda y Sergio la remó por las suyas: «Sacamos el segundo álbum [Tirame un salvavidas, 1994] que no fue tan exitoso porque la compañía no existía más: cada uno de los grupos con los que trabajaban se tuvo que hacer por su lado, no había apoyo. Así que se hizo más difícil y nos agarró desganados». Y entonces lo que antes molestaba, ahora se añoraba: «Es un poco duro grabar y que no se vendan los discos. No me gustaba que me reconocieran, pero cuando eso se te va diluyendo lo extrañás».

 

 

Con todo, Sergio le agradece a «Basura» el haberle dado la chance de mantenerse en la música. «Yo tenía miedo de no hacer un hit porque me iba a quitar la posibilidad de grabar. Y ahora sigo grabando», dice. Con cambios en la formación, Los Romeos no pararon: Pasaporte salió en 2006 y un EP llamado Mentira! se editó en 2012. Lo último que les escuchamos fue «Quizás», un single del año pasado. Y en medio de todo eso, un proyecto electrónico llamado Electronido y el grupo efímero Revolver, en el que Sergio compartió alineación nada menos que con Oscar Moro, en lo que fue el último trabajo del ex Los Gatos, Riff y Serú Girán.

Siempre se rodeó de grandes nombres, desde aquella colaboración incidental con Homero Expósito hasta la sociedad con Moro, pasando por Ariel Rot, Rino Rafanelli, el ex batero de Polifemo Juan Rodríguez y -la frutilla del postre- Luis Alberto Spinetta. «Él venía a comprar a El Gato Negro y me hice muy amigo. Hacía unos recitales en el Teatro Astral y a la noche me ponía una sillita tras bambalinas a mí para que lo viera. Un día me invitó a comer a la casa y a zapar a un cuartito que tenía en el fondo», recuerda Sergio, y le agradece a «Barrio chino» y «Basura» por las puertas que se abrieron y nunca se cerraron: «Toqué con todos mis ídolos»